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miércoles, julio 02, 2008

Elegí un tema


A Dani y sus abrazos rotos
A Cecilia y Dina que esperan
A Antón por regalarme el disco




Elegí un tema, cualquiera. Mikel Laboa siempre me sorprende. Me gusta saber si él adivina mi estado de ánimo al azar.

El día empieza, es todavía de noche, viene mezclado. Las velas prendidas son para una y otra.
Amigas. Sedientas de justicia y continuación.
También lo son para mí. Para exorcizar las imágenes de la muerte de Perón , con las que me dormí anoche, viendo la televisión pública. Acababa de decirle a Balta mientras esparábamos una pizza : Hoy, hace treinta y cuatro años, murió. Y el mundo se me vino abajo. ¿Presentía la dictadura que se venía?. No, ví a la muerte por vez primera en el final de la vida. Y en esa época, mirá como son las cosas, en esa época , con mis once años, le tuve miedo. Vi a Perón y el cortejo interminable en blanco y negro, el soldado llorante, el pueblo abandonado a su suerte, sin líder. Con un títere chillón que se desgañitaba en el balcón de La Rosada y al lado brujo al que le faltaba el sombrero con estrellas, las cejas de malo las tenía. Lloré en mi cuarto, con vergüenza, yo no era peronista, cómo iba a llorar de esa manera a mis once años. Llegó mi hermano del medio, me abrazó, me llamó tonta, tontita, como tantas veces después, cuando me encontraba llorandoen ell río Würm. Cerca de su trabajo, en Alemania. A donde me iba a llorar, para que mi algo mío corra hacia algún lado. Por qué llorás, no seas tonta. O tontita. Y me abrazaba. Me protegía. De tanto no saber. De tanta crueldad y desolación. Siempre sentí al mundo como algo peligroso. Jamás soporté la violencia que trae consigo.
Y sin embargo te traje a este infierno. A este mundo ¿entendés?. Le dejo un hijo. Pienso, creo, que sos más fuerte que yo. Creo. O quizá no, pero me lo hacés creer. Como mi hermano, cuando veía a Perón en el cajón y el cortejo largo, interminable, en ese blanco y negro que hacía a la tele más triste. Algo se quebró ese día, además del vaso durex , irrompible decía la propaganda, que explotó en el medio de nuestra mesa inexplicablemente, dejándonos a todos boquiabiertos, hasta que mamá dijo, ¿Vieron? ese fue Perón, no le gustó lo que dijiste, le dijo a mi hermano mayor. Y nos hizo reír a todos. Mamá lo defendía siempre a él. A él, a Perón te digo, y a Evita, siempre.
Pero ese día, además del vaso que nos dejó mudos, se destrozó algo en mi cabeza ¿por qué no viene la pizza, te das cuenta lo tarde que es tarde y yo hablandote de ésto? Dale má, no te preocupes, ya va a llegar. Dijo Balta frotándome la espalda. Algo, seguí mientras me caían las laágrimas y la voz se me entrecortaba. No sé bien qué se me rompió ese día en mi cabeza. El no obtener respuestas, por ahí. A dónde vamos cuando morimos. A dónde fue Perón, le preguntaba a mi hermano. Sólo sentía su abrazo. Él tenía 17 años. Mirá si iba a saberlo. Tampoco lo sabía. Pero me abrazaba, y me secaba las lágrimas, y hasta me dio algún caramelo que se guardaba siempre en los bolsillos. En esa época todavía no habían descubierto que era diabético. Por eso andaba siempre con golosinas en el montgómeri, unas camperas que se usaban en aquella época.

Balta, le decía ya comiendo la pizza , en esa época no creía lo que hoy creo. Después de muerta voy a estar mejor, sabés? Yo lo sé. Hoy lo creo. Y por qué me decís eso, me preguntó mientras alejaba el “cacho” elegido del resto de la pizza, tratando de cortar el hilo finito de la muzzarella, como se corta alguna vez la vida, interminable, lentamente. Otras se corta rápido, sin problemas. Y otras, las peores, se corta con cuchillo. Te lo digo, porque alguna vez te lo tenía que decir, si a mí me pasa algo, vos siempre debés saber que yo, YO, tu mamá, voy a estar bien. Esté donde esté, voy a estar bien. Y te voy a mirar sea cómo sea. Y te voy a ayudar cómo sea. Te voy a a cuidar. Quiero que lo sepas. Le dije hincándole el diente a otra porción. Ya no lloraba. Ya lo sé, dijo él con esa sonrisa que me parte.
El hambre me daba tristeza, pensé. El hambre, el recuerdo de este mundo, dejar a Baltasar sólo como me dejó Perón, aquél primero de julio de 1974, sin haberme nunca conocido. El líder justicialista decía la voz monótona desde el comedor. ¿Justiacialista vendría de justicia? Y si hay justicia por qué hay muerte y hambre, por qué llora el pueblo a alguien como él. Si hay justicia, ¿por qué la gente queda tan desamparada?

Por eso arden las velas. Para que se cunplan los sueños. Por la necesidad de exorcizar la injusticia del mundo. Las muertes violentas. Al pedo. Primero de julio, de 1974. 34 años han pasado y todavía recuerdo.
Arden las velas y escucho a Laboa. Miro en el disco cuál es el tema que está sonando. Mugak. Y sí, otra vez me adivinó el ánimo sin saberlo:”….como un homenaje a Camarón de la Isla y John Cage: el canto flameco, tras las que se escuchan las palabras “ Zeit, einsamen Helian ( Tiempo, solitario Helian)…
…Ver Crónica cantada de los silencios rotos de F.G. Lucini. Alianza. 1998.”

Así empezamos.