viernes, mayo 02, 2008

La mirada de Ulises




Cuando esta película nacía , nacía
también mi hijo.

Anoche, por la fantástica acción de los hilos dorados que cruzan nuestras vidas,
vino a visitarnos Pappo y nos hizo escuchar Kroke , una banda polaca, en You Tube . Y también nos hizo ver un pedacito de esta película , el viaje de Harvey Keitel en la película de Angelopoulos como un Ulises en busca de tres cintas de los primeros cineastas griegos. Así es la historia de La mirada de Ulises . La que nació el mismo año en que nació mi hijo.

Ayer, después que mi amigo se fuera y mi hijo se durmiera, terminé la novela de Barbara Kigssolver: Verano pródigo.
Siempre que acabo una novela con la que me identifico, me duele terminarla. Es como que muero y vago en el limbo todo el día hasta encontrar otra que me atrape.

En la novela, yo era Deanna, sí... así nomás. Diana y Deanna.
Ella con su hijo en el vientre amparándolo de una tormenta diluviana. Los viejos hablando de la primera fila que en cualquier momento abandonan para que la ocupen los nuevos. La ecología y el amor, las mariposas buscando en zig zag, con su olfato, a su par. Sin verse. Círculos y olores , y sonidos. El amor no se ve. Se encuentra con otros sentidos.

Sonó la alarma hoy. y el viaje de Ulises, Kroke y el Verano pródigo de la Kingsolver se me licuaron en la semi-conciencia. Es viernes. Balta tiene gimnasia.

Y la mirada perdida , la mirada primera, la inocente, me volvió a perseguir . Cuando la vida todavía es funámbula entre la noche y el día. Cuando le miento a Baltasar y le digo : si te levantás rápido no te das cuenta, todo es más fácil.
Me miro al espejo mientras me lavo los dientes y me doy cuenta que ya sin lentes no me veo, voy llegando a la mitad entre los cuarenta y los cincuenta. Voy llegando a la primera fila.

-¡Mejor!, -me digo como decía Garnett en la novela -mejor no ver ciertas cosas.
Balta se va y le digo que sonría. Otra vez le miento: la vida es más fácil cuando sonreís.
Por suerte no me da bola.

Escucho a la gata maullar, y el olor acre de su orina me conecta con la vida que ya llegó al otro lado de la cuerda , ya es más clara, y alumbra la realidad. Hay un pájaro que me saluda mientras cruzo el parque . Estoy apurada por llegar a escribir ,no puedo detenerme a imitarlo. El calor y el perfume de las flores de incienso me aletargan cuando cierro la puerta de casa. ¿Seré como una mariposa antes de nacer?

Escribo la mirada de Ulises en el buscador de You Tube. Y me encuentro.

Mi alma nació en Grecia ,me dijo una mujer leyéndome los Libros Akashicos, hace muchos años.
Entre esculturas y luz, entre pinturas y un cielo tremendamente azul.-¿Sería Azul lotería Emilio?-.
-Mi última vida-dijo. -Estás viviendo tu última vida, la novena. Llegaste al final-.
-¿Y después?-pregunté.
-Elegís en qué reencarnarte, elegís cómo volver-.

Quiero encontrar la mirada primera, la inocente y simple.
Suena mi móvil. Hay un mensaje que me da los buenos días.
Quizá me convierta en mariposa azul.


Pero, al final, el viajero debe volver con la revelación del origen, con la tragedia amontonada en el cuerpo. Debe volver. Con el conocimiento de que nunca recuperará la mirada primera. Sin embargo, en las noches no se cansará de contar el viaje. En el mundo nocturno donde ya no se viaja hacia el origen sólo queda el relato de ese viaje. Un relato que, aun entre heridas volcánicas, conserva la esperanza. Preserva la memoria de la mirada que ve el momento en que la realidad inventa los bosques de cristal.

(Esteban Ierardo
http://www.temakel.com/cinemulises.htm )





2 comentarios:

María W. dijo...

Es lindo leerte, Diana.

Diana Laurencich dijo...

Gracias María.
Y es lindo volver a verte por aquí!