domingo, julio 20, 2008

Alvaro Mutis. Sonata.

Por los árboles quemados después de la tormenta.
Por las lodosas aguas del delta.
Por lo que hay de persistente en cada día.
Por el alba de las oraciones.
Por lo que tienen ciertas hojas
en sus venas color de agua
profunda y en sombra.
Por el recuerdo de esa breve felicidad
ya olvidada
y que fuera alimento de tantos años sin nombre.
Por tu voz de ronca madreperla.
Por tus noches por las que pasa la vida
en un galope de sangre y sueño.
Por lo que eres ahora para mí
Por lo que serás en el desorden de la muerte.
Por eso te guardo a mi lado
como la sombra de una ilusoria esperanza.

Este bellísimo poema de Alvaro Mutis, podría dedicarselo a muchos, pero hoy sólo va para uno, que sabrá quién es, que se preguntará por qué, y le paso a contestar.
La última
novela que leí de Alvaro Mutis fue El último viaje del Tramp Steamer, una novela que no dudé en comprar en una librería de Lanzarote, habida cuenta que es uno de mis escritores favoritos , de esos nacidos en esta especie de continente que cada vez se extiende más, en sus emisarios-emigrados-expulsados y exonerados.

Trabajaba para esa época en la recepción de un hotel y tenía un compañero que me aventajaba 20 años en esa profesión. Yo había aterrizado, buscando un medio por el cual subsistir, en un hotel ,unos bungalows mejor dicho, a los que me presenté por recomendación de una compañera de casino, una belga-pájaro, tan diminuta y frágil y fuerte y dura como un gorrión.

Trabajaba de siete a cuatro en la recepción de los bungalows y luego me tomaba la "guagua" y me iba a trabajar hasta las 9 de la noche en el casino, caminaba dos kilómetros para llegar a mi casa en el pueblo, viendo a los guiris rojos de sol y cerveza gritar su poderío en la costa española.

Oscar, que de él les voy a hablar, hablaba en " conejero", dialecto típico de la isla, y en sus ratos libres mejoraba sus giros al francès, el inglés lo chapuceba, así como el alemán. Con el italiano se defendía.
Del alemán casi no sabía más que fórmulas de cortesía.
El primer día que me enseñó el laburo me preguntó: ¿Trabajaste alguna vez como recepcionista? No-le dije- siempre estuve del otro lado.
Es bien simple, te voya pasar el secreto: que nadie se vaya sin habar pagado. Eso es todo lo que te tiene que preocupar. Lo demás viene solo.
Pasó el tiempo y su hosquedad para tratarme fue cambiando por amabilidades , defensas, y consejos para sobrellevar al patrón.
Después coincidíamos en nuestras lecturas.
Le encantaba Alvaro Mutis, y yo le regalé, el último viaje del Tramp Steamer, pero le dije que después me lo prestara para leerlo. Todos los diás cuando él llegaba yo me iba, y comentabamos sobre las cosas del día y sobre Alvaro Mutis. Lo había impactado la historia del último viaje de un barco que navegaba hacia su fin, se estaba acercando al final y eso no le gustaba mucho-Hoy lo termino- me dijo un día - y mañana te lo doy-.
-No Oscarcito, ni lo sueñes- le dije con sorna- mañana tengo franco, y pasado también-hasta el jueves no me ves el pelo...que lo pases bien y que lo termines!!!- le dije. Se sonrió y levantó su mano para saludarme.
Yo me fui, con su imagen grabadísima , moviendo la cabeza como reproche, sino fuera por el guiño de ojos y el cigarrillo de costado, que le pendía de la boca y no lo dejaba reír.

El miércoles murió de un infarto, y nunca supe si terminó El último viaje ... o no.
Desde entonces, me ronda un poco de temor cada vez que veo cosas de Mutis. Pero el otro día encontré en una librería de viejo, un libro con sus poesías.
Y aquí está hoy, dedidado al que se arriesga sin red, desafiando a la muerte y apostando a la vida.



4 comentarios:

dina dijo...

Chichirula.....que lindo y filoso lo que escribiste...ufff..te quiero

Diana Laurencich dijo...

gracias cachirula...filoso es Mutis y filosa fue la muerte de Oscar.Lo demás es puro cuento! jaja...

Pancho dijo...

Tremendas.
La poesía.
La historia.
La dedicatoria.

Hay gente afortunada.

Diana Laurencich dijo...

Gracias Pan.