domingo, noviembre 23, 2008

Conversaciones de una madre





Los ruidos me llegan desde la cocina.
Lata, loza, agua.
¿Sabrá manejar el fuego?
Sí, sabe.
También yo, pero no tengo más ganas.

Hice mi primer huevo duro a los diez.

Y me quemé.

Mi hermano me llamó boluda.


Yo nací para dibujar, para tocar música y para cocinar.
No tengo tiempo de estudiar!
dice.
¿Quién le enseño mocoso irreverente a
tener las cosas tan claras?
Yo no sé qué hacer conmigo.
Recordar imágenes,
fotografías ordenadas en mi mente,

músicas lejanas.


Recuerdos de no detención.
-Dale que ya están los ñoquis ma

-Voy, digo.
Sé que prendió velas.

Lo escuché.
Espera ansioso mi bajada.
Pero siento que no merezco nada.
Sólo quiero recodarme de pie señalando un orbis.

Al sur, punta sur de un muelle de pescadores.
Él me retrata.
Y yo a él, después le digo:
No te detengas nunca en un puente.

El puente se quiebra.

Caminá,

sin mirar para abajo.

Caminá.

Como si las ventanas estuviesen abiertas.


No me hizo caso.





5 comentarios:

VALDI dijo...

...y Lázaro, andó!?
Vamos, mi niña, el pibe esta diciendo una verdad, y el que no quiera creela que míre para abajo.
Le hablo a la mejor madre que tiene y habrá que tender otro puente.
Un beso, que sé muy bien lo que vales sin hacerte la pera.

Leicia (alter ego) dijo...

Ellos buscan sus propios golpes.

Danixa dijo...

sí, y mientras tanto nosotros los recibimos.

cima dijo...

VAMOS MÁMELE QUE LO HACÉS MUY BIEN....

...Y "PARE DE SUFRIR"

María W. dijo...

Anduvimos por los mismos agujeros. Yo miré para abajo. Un beso.